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1.1.4. Época moderna
Valencia entra en la época moderna con la revuelta de las Germanías, una guerra civil que enfrentó a la sociedad valenciana: de una parte, los artesanos y labradores, el bajo clero y algunos miembros de la pequeña burguesía, y de otra la nobleza y el alto clero y la burguesía.
Tras una primera
etapa (1519-1520) en la que la Germanía se hizo con el control de la
ciudad y estableció acertadas medidas de gobierno, el proceso se
radicalizó. Las tropas agermanadas alcanzaron en un principio
algunas victorias militares, pero finalmente fueron derrotadas y sus
líderes pasados por las armas, llevándose a cabo una severa
represión.
En 1609 se promulgó el decreto de expulsión de los moriscos, siendo el Grao uno de los puertos por los que se embarcaron para ser trasladados al norte de África.
En esta coyuntura se produjo en 1633 el levantamiento de los labradores de la huerta que protestaban por lo que consideraban impuestos abusivos. Los sublevados llegaron a poner cerco a Valencia, lo que obligó a tomar las armas a sus habitantes. A esta coyuntura adversa se vinieron a sumar sucesivas epidemias de peste (las más graves en 1647 y 1652) que redujeron la población en un tercio, y una calamitosa riada del Turia en 1651. La economía se mantuvo estancada casi toda la centuria, y sólo manifestó síntomas de recuperación en las décadas finales, en parte por la crisis política que vivió Cataluña en esos años. La burguesía mercantil autóctona prácticamente había desaparecido, y el comercio de exportación e importación estaba en manos de extranjeros. La historia de Valencia, como en buena medida la del resto de Europa, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX estuvo marcada por las repercusiones de la revolución francesa.
Ante la noticia de las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII y del levantamiento de Madrid el 2 de mayo frente a las tropas napoleónicas, el pueblo valenciano se alzó en armas el 23 de mayo de 1808 enardecido por las arengas de personajes como el Palleter. Los amotinados tomaron la Ciudadela y constituyeron una Junta Suprema de gobierno que se hizo cargo de la ciudad y se aprestó a la defensa.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, durante la regencia de María Cristina y el gobierno progresista del general Espartero, se liquidó el Antiguo Régimen, consolidándose el estado liberal.
La ciudad vivió un clima revolucionario, con enfrentamientos entre liberales y republicanos, y en permanente amenaza por las tropas carlistas de Cabrera que, bajando desde el Maestrazgo, asolaban la huerta.
Fue desde Valencia donde María Cristina partió al exilio en octubre de 1840, tras fracasar un acuerdo con Espartero, y fue a esta misma ciudad donde regresó tres años después, ante el alzamiento del general Narváez, que depuso a Espartero y proclamó a Isabel II como reina.
En 1833 se crearon las provincias. Ese mismo año se reestructuró el Ayuntamiento, desapareciendo los cargos vitalicios para acceder a ellos personajes de la burguesía local, representantes de la oligarquía, pero elegidos mediante sufragio. En 1837 se puso en marcha la desamortización de bienes de la Iglesia, saliendo al mercado inmuebles y terrenos que fueron adquiridos en su mayoría por la burguesía local.
El reinado de Isabel II constituyó una etapa de relativa estabilidad y de crecimiento. Valencia dio un salto cualitativo hacia la modernidad, mejorando sustancialmente las infraestructuras y los servicios y llevándose a cabo proyectos, como el del puerto.
El nuevo rey gobernó de acuerdo a la constitución durante cuatro años plagados de conflictos políticos, pero finalmente abdicó en 1873, proclamándose la Primera República.
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